martes, 19 de febrero de 2008

Alteraciones electrocardiográficas en jóvenes atletas... ¿un signo de alarma?



Si no eres médico quizá te interese más este artículo.

El artículo del New England Journal of Medicine del 10 de febrero, de título Outcomes in Athletes with Marked ECG Repolarization Abnormalities aborda un asunto de reciente actualidad.

Los investigadores, pertenecientes al Instituto de Medicina del Deporte del Comité Olímpico Italiano, han analizado retrospectivamente el desarrollo de patología cardiovascular en atletas durante el periodo comprendido entre 1979 y 2001.

Usaron para ello la base de datos que han construido desde que en Italia es obligatorio la realización de un ECG para la práctica de deportes profesionalmente.

Se trata por tanto de un estudio de cohortes retrospectivo en el que el factor de riesgo sería una alteración electrocardiográfica de base y el evento el desarrollo de diversos tipos de patología cardiovascular (principalmente miocardiopatía aunque también incluyeron otros).

Más concretamente definieron el factor de riesgo como la presencia en un ECG basal de ondas T invertidas de >= 2 mm en al menos tres derivaciones (excepto la derivación III) y principalmente en las derivaciones precordiales V2-V6. Se excluyeron aquellos pacientes que en la evaluación inicial tenían evidencias de alteraciones estructurales en la ecocardiografía.

Se incluyeron 12550 pacientes de los cuales 123 (1%) tenían alteraciones en la repolarización. De ellos, 84 no tenían ninguna evidencia de enfermedad estructural. 81 tenían al menos dos evaluaciones clínicas con ECG y ecocardiograma con lo que fueron finalmente el grupo estudiado.

En 54 de los 81 atletas (67%) había otras alteraciones electrocardiográficas a parte de la inversión de las ondas T.

Durante el seguimiento (de unos 9 años de media) las alteraciones electrocardiográficas desaparecieron o mejoraron en 27 atletas (33%) mientras que en el resto permanecieron sin variación. Además en 58 atletas (72%) las alteraciones desaparecían al realizar una prueba de esfuerzo. Las alteraciones electrocardiográficas pueden ser por tanto reversibles.

De los 81 atletas 5 desarrollaron una cardiomiopatía y 6 otras alteraciones cardiovasculares, incluyendo un paciente que murió a los 24 años por una cardiomiopatía del ventrículo derecho arritmogénica.

Por otra parte, en el grupo control, de 229 pacientes con electrocardiogramas normales, ninguno desarrolló cardiomiopatía y solo 4 desarrollaron otras enfermedades cardiovasculares.

El estudio concluye por tanto que la incidencia total de patología cardiovascular en el grupo de atletas con alteraciones iniciales en el ECG fue del 14% (11 de 81) mientras que de solo un 2% en el grupo control (4 de 229) (p=0.001).

El valor predictivo negativo para descartar patología cardiovascular futura con electrocardiograma normal (a 9 años de seguimiento) fue del 98%. El valor predictivo positivo fue del 14%.

Comentarios:

El estudio tiene ciertas limitaciones como el escaso tamaño del grupo estudiado (81 pacientes) lo cual obligó a los investigadores a incluir en el mismo saco todo tipo de patología cardiovascular para obtener resultados estadisticamente aceptables.

Sin embargo el impacto social que la muerte de deportistas jóvenes probablemente justifique el interés del estudio y su publicación en el NEJM.

El estudio tiene cierto interés para los residentes de medicina de familia puesto que el electrocardiograma se trata de un método diagnóstico barato y muy accesible a los médicos de atención primaria.

Aunque es tarea de los médicos especialistas en medicina del deporte el control médico de los atletas profesionales el médico de familia puede tener un papel fundamental sobre todo teniendo en cuenta el aumento de la práctica deportiva entre los jóvenes a nivel semiprofesional o incluso pacientes que realizan trabajos con una carga física importante y que no cuentan con un servicio de salud laboral adecuado (gracias a una política de subcontratación tan frecuente en nuestro pais y a la proliferación de contratación ilegal)

Realizar un estudio ecocardiográfico a todo paciente que vaya a realizar una práctica deportiva semiprofesional o una actividad laboral con carga física no parece razonable, pero sí un electrocardiográma basal.

En el caso de alteraciones en la repolarización como las descritas en el estudio (T invertidas > 2mm en más de 3 derivaciones) podría considerarse la derivación para estudio ecocardiográfico y ergométrico y un seguimiento más estrecho.

Puesto que estas alteraciones basales tempranas podrían ser indicadores de alteraciones genéticas podría estar indicado un cribado familiar para la detección de enfermedad cardiovascular en familiares del paciente.

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