viernes, 21 de marzo de 2008

Tengo azúcar. ¿Y ahora qué?

Cuando a una persona le diagnostican diabetes, la mayor parte de las veces lo único que se le explica es que "tiene azúcar en la sangre", y que es muy importante bajarla. Pero lo más importante no es que uno tenga o no tenga demasiado azúcar en la sangre, sino las consecuencias de ello.

El azúcar que circula por nuestros vasos tiende a deteriorarlos con el tiempo. Por ello las personas diabéticas que no se controlan bien, a lo largo de los años desarrollan enfermedades de las arterias y las venas: problemas del corazón por oclusión de las arterias coronarias, falta de riego en los pies o en el cerebro o los nervios por oclusión de las arterias que a ellos llegan, problemas de riñón, o incluso ceguera por la falta de un flujo de sangre correcto en la retina. Ahí estriba la importancia de controlarse correctamente el azúcar: en evitar todos los problemas futuros.

Si le han dicho que es diabético y quiere evitar todas estas complicaciones, es importante que preste atención a hacer bien el tratamiento.

Sobre todo, y ante todo, debe pensar que lo primero es cambiar los hábitos de vida. No fumar, para no estropear los vasos más todavía. Hacer media hora de ejercicio todos los días para mantener la circulación en buen estado y el corazón bien entrenado. Comer de manera sana, evitando las grasas animales y los alimentos demasiado ricos en azúcares refinados, y dando preferencia a los vegetales (frutas, verduras) y pescados. Llevar ropa y calzado cómodo para impedir que roce los pies y nos produzcan daños inadvertidos.

Además es probable que el médico le ofrezca poder tomar algún tipo de pastilla para bajar el azúcar. La más común de todas es la metformina, que al principio se toma en dosis bajas porque puede producir algo de diarrea al comenzar el tratamiento. Es muy importante no saltarse la medicación, para ayudar a mantener el azúcar en sangre en un nivel óptimo a lo largo de todo el día. Si la medicación le produce algún efecto indeseable, ¡no la abandone sin más!... Acuda a su médico, que le explicará cómo evitar dicho efecto o cambiará el tratamiento si lo cree necesario.

El médico le repetirá los análisis periódicamente (generalmente cada 3 meses) para ver qué tal está yendo el tratamiento, y cambiarlo si es preciso. En ocasiones son necesarias combinaciones de dos o más pastillas para mantener el azúcar a raya, ¡tenga paciencia!. Al cabo de un tiempo todo estará bien controlado.

Si el tratamiento con pastillas no funciona, siempre queda la opción de, además, pincharse un poco de insulina. La insulina es la hormona que nuestro páncreas fabrica de manera natural para bajar los niveles de azúcar en sangre. Cuando las pastillas no son suficientes para bajar el azúcar, puede querer decir que nuestro páncreas se ha agotado y ha dejado de fabricar insulina, por lo que es necesario poner una inyección diaria de dicha hormona.

La insulina viene en unos bolígrafos que la inyectan con sólo pulsar un botón, de una forma limpia, segura y sencilla: se gira la rueda del bolígrafo hasta la dosis que el médico ha pautado; se coge un pellizco de piel y grasa de la tripa, los muslos o la parte más grasa de los brazos; se sitúa el bolígrafo sobre dicho pellizco de piel y se presiona el botón para inyectar la insulina. Así de fácil.


Siguiendo estas pautas se evitarán los problemas antes mencionados. Hoy en día la diabetes es un problema fácilmente manejable, y el protagonista del tratamiento siempre es el paciente. No dude en preguntar a su médico cualquier duda que le surja.

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