lunes, 16 de junio de 2008

Las gotas para dormir

El abuelo vive con nosotros desde hace algo más de un año. Se le ha ido yendo poco a poco la cabeza y ahora mismo sólo nos reconoce a los que vivimos con él. Y porque nos ve a diario. En el momento en que una de las crías sale por ahí de fin de semana, se olvida de su nombre y se lo tenemos que recordar.

Hay que tenerle constantemente vigilado. A veces se deja el fuego puesto con el aceite en la sartén, porque se olvida de que lo encendió. Otras veces sale de casa y se pierde por el barrio. Menos mal que los vecinos le conocen. Es agotador. Yo he tenido que dejar de trabajar para que no se quede solo en casa.

Para colmo lleva tres semanas sin dormir. Se pasa la noche levantándose de la cama, recorriendo el pasillo incesantemente, una y otra vez, entrando y saliendo del cuarto de baño. Habla con personas que no existen y en ocasiones grita frases incoherentes. Ayer, a las tres de la madrugada, oímos un golpe seco y nos lo encontramos caído entre el lavabo y la puerta. Qué susto nos dio, menos mal que no fue nada.
Cuando a uno de nuestros familiares le diagnostican enfermedad de Alzheimer, no solemos ser conscientes de todo lo que ello conlleva. Es más adelante cuando nos damos cuenta de la progresiva pérdida, inicialmente de orientación y de memoria, y posteriormente de habilidades y de los rasgos de su propia personalidad. Y de la dependencia que pueden llegar a sufrir.

La enfermedad de Alzheimer además puede cursar con otros síntomas psiquiátricos que no son más que un acompañante del cuadro global. De pronto nuestros mayores se vuelven agresivos (paradójicamente pueden resultar más agresivos con aquellos a los que más quieren), o nos sorprenden cuando dan muestras de estar viendo cosas o hablando con personas que realmente no están en la habitación. Otro de los síntomas frecuentes es el insomnio, así como la agitación nocturna, que les lleva a permanecer toda la noche despiertos y caminando por los pasillos, desorientados, entrando en habitaciones que no conocen o exponiéndose a golpearse o caerse por escaleras cercanas.

Está demostrado que todos estos síntomas psiquiátricos acompañantes hacen sufrir por igual al paciente y a sus cuidadores principales, para quienes el día a día se convierte en un suplicio al no conseguir tampoco descansar por las noches, o al comprobar cómo sus mayores les agreden o se encogen preocupados ante la visión de animales inexistentes.

Existen tratamientos que palian estos síntomas psiquiátricos acompañantes. Pertenecen al grupo de los neurolépticos, y los más habitualmente utilizados en personas mayores son el haloperidol y la risperidona (fármacos clásicos y sobradamente conocidos por su seguridad en condiciones controladas), aunque también se han llegado a utilizar neurolépticos "atípicos" más modernos, con menor acción sedante, o bien benzodiacepinas (el clásico "orfidal") para tratar exclusivamente los trastornos del sueño.

¿Siempre son útiles dichos tratamientos?

Según un ensayo clínico publicado recientemente en la revista PLoS Medicine, el DART-AD, los tratamientos cortos suelen ser útiles, y tratamientos de más de 3 meses pueden tener más o menos utilidad dependiendo de la gravedad de los síntomas psiquiátricos que el anciano esté sufriendo. Lo cual quiere decir que un anciano con síntomas psiquiátricos graves sí que se verá beneficiado si se le deja continuar tomando neurolépticos, mientras que probablemente para los ancianos con síntomas más leves no merezca la pena prolongar el tratamiento tanto tiempo.

¿Es prudente darle al abuelo o la abuela dichas gotas para dormir? ¿No será peligroso?
¿No se "atontará" más aún si se las administramos? ¿No le irá a más la demencia?

Para empezar: si se usa la dosificación correcta que ha prescrito el médico, el riesgo para la salud es prácticamente cero. Se suele comenzar el tratamiento a dosis muy bajitas, para aumentarlo si fuera necesario. Lo importante a tener en cuenta es administrar el neuroléptico justo a la hora pautada, generalmente antes de ir a dormir, y en la dosis correcta. Si lo administrásemos mucho antes de acostarse, aumentaría el riesgo de caídas, y si se administrase mucho después, probablemente haría efecto demasiado tarde y produciría somnolencia diurna.

En cuanto al riesgo de acelerar la demencia: tratamientos cortos de menos de tres meses son seguros y no aceleran la progresión de la enfermedad. Pero además, en caso de que nuestro anciano necesite tratamiento por más tiempo, es bueno saber que, según el DART-AD, los antipsicóticos no aceleran significativamente el desarrollo de la demencia ni de la discapacidad o la dependencia a ella asociada, aunque sí podrían producir cierto "atontamiento" que será necesario estudiar con más profundidad en los siguientes ensayos.

Por todo ello: si a nuestro anciano le han pautado neurolépticos porque los síntomas psiquiátricos le están afectando de manera seria... confíe en su médico y adminístreselos según le han explicado. En tres meses es probable que se puedan retirar dichos fármacos, pero si no fuera posible por la gravedad de los síntomas, tenga por seguro que el fármaco no causará una aceleración de su deterioro como persona. Mantener la calidad de su descanso y el del cuidador, así como aliviarle las alucinaciones o los accesos de ira y prevenir otras lesiones físicas, probablemente redundarán para bien en el resto de aspectos de su vida.

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