martes, 17 de junio de 2008

Otra pastilla para el colesterol

¿Qué tiene de peligroso el dichoso colesterol? ¿Por qué se empeña el médico en bajármelo? Si a mí no me duele nada...

Seguramente conocerá gente a la que le haya dado un infarto. Es más, no sería raro que en su familia hubiera alguien a quien le hubiese ocurrido algo parecido. Una angina de pecho, un infarto cardiaco, un infarto cerebral, un dedo del pie sin riego, el "síndrome del escaparatista". Son todo distintas caras de la misma moneda.

Cuando a nuestros órganos corporales les falta el riego porque la sangre no les llega bien, o les llega con poco oxígeno, sufren porque se sienten asfixiados. La manera que tienen de avisarnos de que están sufriendo de asfixia es mediante la aparición del dolor. El clásico dolor en el pecho que nos avisa de que podemos tener un infarto (a ese dolor le llamamos angina), el dolor de piernas del paseante con "síndrome del escaparatista" que tiene que parar cada 50 metros porque no puede seguir caminando...

¿Y por qué nos falta el riego a los órganos?

Básicamente porque el tiempo no pasa en vano. Nuestras arterias no son simples tuberías por las que circula la sangre durante casi cien años. Son auténticas tuberías vivas, que se desgastan, envejecen y sufren por el roce de la sangre. Tantos años de flujo de sangre y turbulencias, tantos años de humos y nicotina, tantos años de azúcar flotando en ellas, terminan por hacerles daño. La cara interna de las arterias se desgasta y se llegan a crear pequeñas lesiones que nuestro cuerpo intenta reparar poniendo parches. Cada vez que una pequeña región de una arteria se deteriora, allí acuden todas las células inflamatorias del flujo sanguíneo para taponar la lesión. También se va depositando sobre dichas zonas deterioradas toda la grasa que circula con la sangre, a modo de costra protectora. Y poco a poco se acumulan detritus en determinadas zonas más castigadas por el flujo de corriente. Hasta que un día, todo ese acúmulo llega a taponar la arteria entera, o incluso se desgaja y se trombosa a continuación. Es entonces cuando el órgano sufre. La arteria por la que le debería llegar el riego ha quedado taponada, y al corazón, o al intestino, o a la cabeza, o a la pierna, no le llega el oxígeno necesario para sobrevivir.

La medicina aún intenta comprender cómo detener este proceso. Una de las fórmulas que se está desarrollando es intentar disminuir la cantidad de grasa que tenemos flotando en la sangre, con la esperanza de que así los acúmulos intraarteriales (también denominados PLACAS DE ATEROMA) se reduzcan o al menos dejen de crecer, salvando a nuestros órganos de la asfixia (o ISQUEMIA).

Si usted tiene altas las grasas en sangre, ya sea el colesterol LDL o los triglicéridos, y le están dando tratamiento farmacológico para intentar bajar los niveles, tómeselo en serio. Es más que probable que con ello esté deteniendo el envejecimiento prematuro de sus órganos, y evitando el sufrimiento por isquemia de los mismos.

En ocasiones una dieta no es suficiente, y se añade al tratamiento una pastilla. Lo más habitual, sobre todo cuando el colesterol es un rasgo de toda la familia, es comenzar tratamiento con estatinas (comúnmente simvastatina). Las estatinas funcionan disminuyendo la cantidad de colesterol que el propio cuerpo produce.

No obstante, las estatinas no siempre son suficientes. Por eso se está utilizando actualmente un nuevo fármaco, ezetimiba, que además sirve para evitar que absorbamos el poco colesterol que tomemos con la dieta.

Ezetimiba ha demostrado ser un fármaco muy eficaz para disminuir los niveles de colesterol LDL (el colesterol "malo") cuando se toma en combinación con simvastatina. Aunque aún no se ha podido demostrar que las placas de ateroma dejen de crecer, como ha sido publicado en la respetada revista NEJM en abril de 2008.

Por lo tanto si le han pautado ambos fármacos porque su colesterol no se controlaba sólo con uno, mantenga el tratamiento (haga una vida sana, no fume, mantenga fuerte su corazón, coma bien, y, si lo precisa, tómese el tratamiento farmacológico que el médico le ha pautado) y conseguirá tenerlo a raya. Entretanto sólo podemos esperar los avances de investigación de otras estrategias para frenar el deterioro de las arterias... En una especie de búsqueda de la eterna juventud...

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