domingo, 6 de julio de 2008

Ese niño impulsivo y que no para quieto... ¿está enfermo?

Todos los niños son, en mayor o menor medida, curiosos, inquietos, y a veces ingobernables. En ocasiones, sobre todo al empezar el colegio y con él los horarios, la disciplina y la convivencia, algunos mantienen una dificultad persistente para el aprendizaje y un comportamiento muy problemático que exaspera a sus profesores y sobrepasa a los padres.
¿Será, pues, que este niño está enfermo? ¿tiene un niño distraído e hiperactivo el trastorno por déficit de atención e hiperactividad?


El TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD (TDAH) es, más que una enfermedad, una característica genética por alteración de unas sustancias que llevan las señales nerviosas por todo el cuerpo, llamadas neurotransmisores. Como estas sustancias no transmiten bien las señales, el lóbulo frontal del cerebro (encargado entre otras muchas cosas de regular la conducta y el aprendizaje) no funciona como debería. Pero los genes no se expresan siempre igual, sino que se regulan por factores ambientales: desde la alimentación hasta la educación y el entorno familiar pueden estimular o inhibir las alteraciones de los genes, y por tanto modificar los síntomas.
A causa de esto, un niño con TDAH tiene más dificultades de las normales en mantener la atención constante en una actividad, en la reflexión pausada, el control de la impulsividad y en inhibir las distracciones mientras están realizando una actividad. Esto no significa que sean menos inteligentes que el resto de los niños (el TDAH no influye en el cociente intelectual) sino que tienen un handicap para aplicar sus facultades, sean las que sean, al aprendizaje y a las relaciones sociales.
Normalmente se detecta antes de los 6 años, cuando empiezan a ir al colegio.
Por este motivo, si un niño con el trastorno no es adecuadamente tratado y no se le ayuda a adaptarse, existe riesgo de que de mayor él mismo haya desarrollado sus propios mecanismos compensatorios, acertados o no, y en ellos es más frecuente el fracaso escolar, consumo de drogas, o algunas patologías psiquiátricas.

¿CÓMO SÉ SI LO TIENE o NO?
Ante todo, el diagnóstico lo debe realizar un médico cualificado. No existen pruebas de laboratorio ni de imagen que lo confirmen, sino que se deben cumplir una serie de criterios. Lo más importante es que la hiperactividad y el déficit de atención se presenten en varios ámbitos (la casa, el colegio, la consulta...) y durante más de 6 meses, para considerar que se trata de un problema global y no circunstancial. Y que debe producirle al niño una disfunción importante, para que se beneficie del tratamiento: siempre ha habido y habrá niños movidos, distraídos o a los que les cuesta más sacar adelante los estudios, pero no todos necesitan atención médica y tratamiento.

EL TRATAMIENTO:
Los fármacos se utilizan desde hace muchos años con buenos resultados para disminuir la hiperactividad y mejorar la atención. El que mejor se conoce, y más se usa, es uno llamado METILFENIDATO. Según la presentación, tiene que tomarse en dos dosis (por la mañana y a la hora de comer) o una sóla vez al día. Hace poco se ha presentado un nuevo medicamento, llamado ATOMOXETINA, que parece útil en los casos en los que el anterior sienta mal, o hay alguna razón para no darlo.

Pero no sólo la pastilla: es muy importante trabajar también con psicoterapia y con entrenamiento para saber manejar los problemas que se presentan:
- Entrenamiento para el paciente con TDAH. Se intentan mejorar las habilidades de organización, las relaciones sociales, la disciplina. Trabajar en la conciencia de enfermedad para que él mismo reconozca su papel en los conflictos, manifieste sus dificultades y mejore la comunicación con su entorno.
- Entrenamiento para los padres y profesores: igual que el enfermo debe entender que este trastorno no le disculpa de cumplir las normas, es importante que los padres sepan que no es culpa suya y que con el tratamiento se mejoran mucho los síntomas. No hay que ser menos exigentes de lo que seríamos con un niño normal, pero hay trucos para facilitarles las cosas: evitar actividades muy largas, reconocer y premiar los logros...

En resumen:
Es muy difícil para una familia el asumir el problema de un niño con este tipo de comportamiento. Pero el mensaje es que no están solos. Hay que repartir la responsabilidad entre todos (es frecuente que los padres, y sobre todo la madre, se carguen con todo el trabajo) y si es necesario, pedir ayuda: son varios los profesionales que deben trabajar coordinados para que la atención sea buena y es necesario que la familia esté bien informada y entrenada, y que un médico formado y de confianza (que podría ser su médico de familia) actúe como referencia.

Más información:
Recursos para padres de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.

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